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Terra
La Coctelera

A ELLA

( a La perseguidora de sueños, donde quiera que esté, espero que siga persiguiendo sueños)

No la conocía apenas, no había escuchado nunca su voz, ni su risa, ni sus pasos. No había visto nunca su rostro, ni sus manos ni sus piernas, ni siquiera un trocito de su cuerpo.

Pero estaba seguro, de que si algún día se cruzaba en su camino y tenía la suerte de ser el blanco de su mirada, no dudaría ni un instante de que se trataba de ella, porque imaginaba su mirada a través de sus escritos, a través de la poesía que de ellos desprendía y derramaba.

Sabía que tendría en la mirada la profundidad del mar, el trino de los pájaros y el revolotear de las gaviotas. Una mirada que le recordaría el grito de llamada de los delfines, el baile de las algas bajo el mar y el ulular de las lechuzas a la medianoche, en fin todo un sueño.

Pero el día que se cruzó en su camino, no se dio cuenta de que la mirada le sonreía y no sintió ese sabor dulce en la boca ni un picor malévolo en el estómago.

Tampoco le dejó en los ojos, la visión de los sueños, esos sueños y esa visión que solo dejan, las personas a las que uno quiere, las personas a las que uno se siente pegado y hermanado de por vida.

El día que se cruzó en su camino, él era demasiado viejo y ella demasiado ciega para poder mirarle con esa mirada única que reflejaban en sus escritos.

(en recuerdo de aquel 08/07/2006 19:22)

JALAR EN DUBOIS

Empiezo el post aclarando a los que utilizáis tan alegremente el verbo
jalar

1. tr. col. Tirar de una cuerda.
2. col. Comer con mucho apetito. También prnl.:
se jaló todo el plato.
3. intr. amer. Correr o andar muy deprisa:
vete jalando, que llegas tarde.
4. amer. col. Mantener relaciones sexuales.

P.D. En Nicaragua se usa con el significado de tener una relación de noviazgo.

Añado además que jalar es un verbo completamente regular.
Infinitivo: jalar
Participio: jalado
Gerundio: jalando

Y tras esta aclaración me dispongo a contaros, como jalé en: DUBOIS, WYOMING
Cuando uno empieza a contar las batallitas del abuelo es que se hace mayor…, no importa esta batallita me encanta.

Llegué a Dubois allá por febrero hace algunos años, en un Chevy con mis compañeros de viaje, una pareja que conocí en San Francisco y un chaval mejicano que conocimos en Laramie, allí en Laramie tomando una copita, un Strawberry Daiquiri para mas señas, en un Bobby McGee’s Saloon. El mejicano nos dijo que del 3 al 5 de febrero se celebraba la fiesta de invierno en Dubois, Wyoming. Nos habló de las carreras de trineos con perros, de los bailes, de la comida y bebida gratis… de la gente tan calida. Eso bastó para animarnos, porque si bien llegamos a Laramie porque yo lo relacioné con la película “El hombre de Laramie” de Dubois no había oído hablar en mi vida y hubiera seguido con la misma ignorancia si no me hubiera tomado aquel daiquiri aquella noche.
Ir a Dubois es como ir al Polo Norte, las carreteras heladas y apenas uno o dos coches por el camino. Dubois es un lugar excepcional, la gente cálida, cariñosa, y al vernos llegar muertos de frío y chapurreando el inglés no ofrecieron sus casa calientes y sus camas y sus potes y calderetas de asqueroso sabor pero lleno de amor. El día de comienzo las carreras de trineos fue de auténtica belleza, grandioso, aquello si era el Polo Norte. Dubois se había poblado de inmigrantes suecos y noruegos, que se instalaron en la zona a principios del siglo pasado, era un sitio tan bonito!
Llegamos cansados y helados, pero al ver sus montañas… nos recordaron aquellas películas del oeste y soñamos ser James Stewart y quedarnos con la chica de la película.
La mañana del segundo día llegó una chica a la casa, era una experta en conducir trineos y desde la mañana del día siguiente, me pegué a su chepa y ya no me separé, hasta el último día y yo jalé y ella jaló. Y todos jalamos como bestias detrás de los trineos, yo un poco menos, no me separé de ella hasta que subidos al coche iniciamos el viaje de vuelta a San Francisco, pero la di un beso de película. No me escribió sus señas ni yo se las pedí, solo jalamos juntos detrás de los trineos y cuando paramos y nos hundimos en la nieve seguimos jalando por un rato, hasta que el frío intenso nos despertó del sueño. Y me enseñó sus perros y su trineo y me contó mil historias, que yo no entendí del todo. La última noche jalamos junto a los perros y le prometí un regalo. Allá por Mayo ya de vuelta revelé las fotos y amplíe una de Dubois, que coloqué en un cuadro. Pero la que mas me gusta es la de los perros jalando que me salió algo movida pero que se la ve a ella en una esquina.

(® Jorge Herre ®)